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El deseo de un cese el fuego bilateral se atraviesa en diálogos con el ELN

Jaime Ortega Carrascal

Bogotá, 3 ene. El sorpresivo anuncio hecho minutos antes del Año Nuevo por el presidente colombiano, Gustavo Petro, de que cinco grupos armados ilegales se habían acogido a un cese al fuego bilateral propuesto por el Gobierno, a partir del 1 de enero, dio lugar al primer tropiezo en las negociaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que hoy desmintió al mandatario.

Poco antes de que los colombianos contaran las doce campanadas de bienvenida al 2023, Petro anunció en Twitter un cese el fuego bilateral con el ELN, dos grupos de disidencias de las FARC y dos de las principales bandas criminales de origen paramilitar, noticia que fue acogida al día siguiente con entusiasmo por el país y por la comunidad internacional.

“Hemos acordado un cese bilateral con el ELN, la Segunda Marquetalia, el Estado Mayor Central, las AGC (Autodefensas Gaitanistas de Colombia) y las Autodefensas de la Sierra Nevada desde el 1 de enero hasta el 30 de junio de 2023, prorrogable según los avances en las negociaciones. La paz total será una realidad”, indicó entonces el mandatario.

Sin embargo el ELN, único de esos cinco grupos con los que el Gobierno ha iniciado formalmente negociaciones de paz, que desde noviembre se llevan a cabo en Caracas, enfrió hoy la esperanza de los colombianos de un comienzo de año tranquilo al asegurar que no ha pacto ningún cese el fuego bilateral.

Según el Comando Central del ELN, esa guerrilla “sólo cumple lo que se discuta y se acuerde en la mesa de diálogos” y su equipo negociador “no ha discutido con el Gobierno de Gustavo Petro ninguna propuesta de cese el fuego bilateral”.

MALESTAR POR EL ANUNCIO

Es evidente que el anuncio presidencial no sentó bien en la cúpula del ELN, según la cual “no puede aceptarse como acuerdo un decreto unilateral del Gobierno”, y eso obligará a los negociadores oficiales a moderar el entusiasmo con la posibilidad de resultados rápidos en la mesa de negociación, y al presidente a controlar sus impulsos en su afán de comunicar.

“Estamos cayendo en las arenas movedizas de los trinos (tuits) presidenciales que todos los días deben rectificarse por imprecisos. Hace escasos dos días anunció que había un ‘acuerdo’ con el ELN para un cese al fuego. Y hoy el ELN informa rotundamente que ese acuerdo no se ha dado”, opinó en Twitter el exministro Juan Camilo Restrepo, que fue jefe negociador de paz del Gobierno con el ELN durante el Gobierno de Juan Manuel Santos.

Pese a que el anuncio de Petro fue aplaudido por la ONU y por la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la Organización de Estados Americanos (MAPP/OEA), llamó la atención que el ELN no tomara parte en su divulgación, siendo algo bilateral.

El 4 de septiembre de 2017, por ejemplo, las partes reunidas en Quito acordaron un cese el fuego bilateral de 102 días que comenzó el 1 de octubre de ese año y se prolongó hasta el 10 de enero del siguiente, y el anuncio lo hicieron en una declaración conjunta.

Para tratar de aclarar el malentendido de hoy, el jefe de la delegación del Gobierno en los diálogos con el ELN, Otty Patiño, reconoció que lo anunciado por Petro fue una propuesta en la mesa de negociación pero “no se llegó a una conclusión”.

La oposición a Petro aprovechó la confusión para criticar que el Gobierno haya suspendido las operaciones militares contra los grupos que se acogieron al cese el fuego bilateral de seis meses sin tener la seguridad de que había un acuerdo.

“Es una falta de respeto con la ciudadanía que hace dos días el presidente Gustavo Petro haya anunciado cese al fuego con el ELN y hoy sea desmentido por el mismo grupo guerrillero en comunicado. Con la paz y la seguridad del país no se juega, los colombianos exigimos seriedad”, manifestó en redes sociales el senador David Luna, del partido de derechas Cambio Radical.

PRISA POR MOSTRAR RESULTADOS

La prisa por mostrar resultados en una negociación que apenas comienza no es buena consejera en un proceso de paz complicado como el del ELN, una guerrilla muy apegada a sus dogmas que ya se sentó, sin éxito, a dialogar con varios gobiernos en los últimos treinta años.

Quizás por ese afán, al Gobierno le ha faltado la discreción que debe haber en cualquier proceso negociador, así como definir con claridad las reglas de juego, como por ejemplo si se seguirá la premisa de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

En las negociaciones con las FARC en Cuba, que se efectuaron entre finales de 2012 y mediados de 2016, el primer punto del acuerdo, sobre reforma rural integral, tardó seis meses y medio en ser aprobado, pero quedó en remojo hasta la conclusión de toda la negociación, que se prolongó por más de cuatro años.

En ese proceso, como en el que intentó con el ELN en 2017, el entonces presidente Juan Manuel Santos dejó claro también que su política sería la de “negociar como si no hubiese guerra y mantener la ofensiva militar como si no existiese proceso de paz”, aprendida del exprimer ministro israelí Isaac Rabin, algo sobre lo que tampoco hay mucha claridad en estos diálogos.

De cualquier forma, el ELN mostró en su comunicado la “disposición de discutir la propuesta de cese el fuego bilateral, para examinar los términos que hagan posible un acuerdo” en el segundo ciclo de diálogos, este mes en México, mientras que los demás grupos que según Petro se acogieron a esa iniciativa, siguen sin confirmar o desmentir ese pacto. EFE

joc/ocm/laa

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